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Homeostasis: aprende a entender el cuerpo

La HOMEOSTASIS es un estado de constancia relativa del medio interno del cuerpo. Responde mediante los mecanismos efectores (músculos y glándulas) a la información recogida por los sensores del medio interno (sentidos).
Todos los sistemas funcionales, en la homeostasis, están relacionados por el sistema nervioso. La actividad muscular acelera el ritmo cardíaco y respiratorio, aumenta la presión sanguínea e irriga los músculos implicados en el movimiento. La sangre transporta sustancias nutritivas, gases respiratorios y productos de desecho. Todos los sistemas trabajan coordinadamente gracias al sistema nervioso y hormonal, integrados en una unidad y reaccionando ante las variaciones físicas y biológicas del medio donde se encuentra el cuerpo con tal de adaptarse.
El sistema nervioso procesa la información, la integra y provoca una reacción apropiada y adaptada. En las reacciones motoras intervienen el sistema nervioso, los sentidos, los músculos y el esqueleto. Las funciones de nutrición, por homeostasis, transforman los alimentos en materiales solubles que pasan a la sangre y son utilizados por las células, junto con el oxígeno transportado por el torrente circulatorio, para producir energía y renovar la materia viva. Los productos de desecho son eliminados: por los riñones los solubles; por el aparato respiratorio, las sustancias gaseosas y por el tubo digestivo, los residuos sólidos.
Las funciones de reproducción aseguran la multiplicación y el mantenimiento de la especie. El sistema nervioso y endocrino regulan la homeostasis. El sistema nervioso actúa directamente sobre los órganos del cuerpo y controla la secreción de HORMONAS de las glándulas endocrinas. Las hormonas actúan directamente sobre las células del cuerpo y sobre el sistema nervioso como reguladores químicos. La integración de los sistemas nervioso y endocrino, en la homeostasis, están regulados por la glándula pituitaria o hipófisis, controlada por el hipotálamo.
Por medio de terminaciones nerviosas el cerebro recibe y supervisa la concentración de oxígeno, de dióxido de carbono y el Ph, alrededor de las células, durante la homeostasis. También detecta la presencia de compuestos tóxicos y recibe información y controla el estado de contracción de la musculatura y las funciones de las vísceras. Mediante las hormonas en el torrente sanguíneo se controla químicamente la concentración de glucosa, agua y de otras sustancias.
Los procesos vitales, en la homeostasis, están impulsados a conservarse hasta la vejez, a pesar de la enfermedad o heridas infringidas externamente. El hambre, la sed, el SEXO son respuestas instintivas de adaptación. Cuando se toma conciencia de un apetito/instinto aparece el deseo. El exceso de calor, el ruido, la iluminación incorrecta y los ambientes insalubres estimulan emociones de fondo perturbadoras del confort.

Alimentos acidificantes y alcalinizantes


Desde un punto de vista dietético los alimentos se clasifican en acidificantes y alcalinizantes según los efectos que producen en el cuerpo, independientemente de su grado intrínseco de acidez o alcalinidad. Por ejemplo, el azúcar blanco ejerce un efecto muy acidificante en la sangre a pesar de ser un producto alcalino; en cambio, muchos alimentos de sabor ácido- la ciruela o el limón, por ejemplo- dejan un residuo alcalinizante al ser metabolizados.

Pero ¿qué significa que un alimento sea alcalinizante o acidificante? En último término, una sustancia o disolución alcalinizante es la que tiende a aportar electrones al organismo,mientras que un producto acidificante es el que tiende a robárselos.



Los tejidos y la sangre deben tener un nivel de acidez/alcalinidad, llamado también pH, ligeramente alcalino, para compensar la acidez o pérdida de electrones que causan las funciones vitales, la actividad diaria y el estrés.

Cuando tomamos alimentos acidificantes -carne,lácteos, la mayoría de los cereales (especialmente los refinados), legumbres, pescado, azúcar, drogas, productos químicos, muchos medicamentos, grasas y en algunos casos las frutas-, cuando sufrimos de estrés, cuando realizamos demasiada actividad física o cuando respiramos aire contaminado, nuestra sangre se acidifica demasiado y, por consiguiente, podemos contraer enfermedades con mayor facilidad.

Para amortiguar la acidez, el cuerpo dispone de un sistema tampón que actúa sobre la sangre, los órganos vitales y los tejidos. Ante un exceso de acidez, la reserva de sales minerales y el pool de esencia del organismo empiezan a actuar. Asimismo, nuestro cuerpo elimina el plus de acidez mediante la orina e incrementando el ritmo respiratorio. A pesar de todos estos recursos, la acidez puede convertirse en crónica, con lo que la sangre, los órganos vitales y también los huesos se desvitalizan. Para evitar que eso suceda debemos procurar que nuestra dieta guarde el debido equilibrio entre los alimentos alcalinizantes y acidificantes.

Conviene saber que los cereales en grano son ligeramente acidificantes, para alcalinizarlos pueden cocinarse con sal. Las legumbres son acidificanrtes, excepto la soja. Las verduras son alcalinizantes. La fruta sólo alcaliniza cuando uno sigue una dieta altamente acidificante.