Los celos

Los celos siembran de amargura una pareja. Por algo se los define como un dragón o un demonio. El dragón de los celos devasta toda la afectividad y es fuente de dolor para el celoso y para el celado. No denotan en lo más mínimo amor o cariño, sino todo lo contrario y cuando uno se deja ganar por ellos al final es victima de una personalidad celosa y la persona se vuelve verdaderamente una enferma, pero una enferme insoportable.

Nunca debe dar pena el cecloso, sino el celado. Una relación de pareja donde los celos afloren una y otra vez es un infierno y lo mejor sería resolverla. Pero el celoso es ciego, no sabe distinguir ni poner medida a su desvarío, se comporta como un cazador con su presa. Lo de menos es de dónde provengan los celos, lo más importante es no dejarse condicionar por ellos y no permitirlos porque demuestran todo tipo de fantasías y sospechas paranoides, y susceptibilidades que inquietan y mortifican, distorsionan la visión y hacen vivir en un mundo interno de miedos e inseguridades. El celoso necesita constantemente demostraciones de afecto, atención, consideración y dedicación. Los celos le conducen a ser intolerante, exigente, impositivo y rígido, volviéndole insufrible. Los celos producen desorden mental, ofuscación, tendencias de dominio y hostilidad. El celoso considera a la otra persona como un artículo de su propiedad. Y su ego, se impone sobre las conductas ajenas. No respeta a la persona celada y le quiere imponer sus propios modelos de vida. Es posesivo y cuando no se complacen sus exigencias puede recurrir a la violencia, aunque sea verbal. Los celos convierten a la persona en insensible, déspota e intransigente.

Inseguridad, muchas carencias afectivas, conflictos internos sin resolver, falta de genuina autovaloración y mucho más hay detrás de ese dragón que son los celos y que hacen la vida de pareja imposible. Son antídotos de los celos la comprensión, la aceptación de la otra persona como es, el claro discernimiento de que nadie nos pertenece y de que la otra persona es libre, el respeto y el cariño verdadero y no abusivo.

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