En la misma región
india en la que nació el budismo, en la misma época en la que
creció y difundió su credo Buda, otro personaje, Vardhamana, o
Jina, el “vencedor” o Mahavira, fundó una nueva tendencia
religiosa: el jainismo. Vardhamana vivió casi siempre en la región
de Magadha y llevó una vida similar a la de Buda: nacido tras la
concepción milagrosa de una reina, también él vivió en la corte
durante un cierto tiempo. Poco a poco se dedicó a la meditación y
el ascetismo gracias a los cuales alcanzó, estando sentado
completamente desnudo bajo un árbol, la sabiduría completa. Tras
esta iluminación pasó toda la vida predicando hasta los 72 años de
edad, época en la que ya había conseguido que arraigara en aquellas
regiones indias una consistente comunidad de sus adeptos.
Aunque tuvo que
luchar contra numerosas divisiones internas, el jainismo logró
resistir a las tentativas de “conversión” llevadas a cabo en la
India por parte de los conquistadores islámicos y aún hoy es una
religión que tiene un discreto número de fieles, los cuales creen
que Mahavira es el último de veinticuatro Jina que en diversos
momentos de nuestro ciclo cósmico, que es uno de los inmensos ciclos
en los que está dividido el tiempo, ha enseñado la verdad a los
seres humanos.
El mazdeísmo
En Persia, en la
época de los soberanos Aqueménidas, se difundió una religión
monoteísta cuyo fundador fue una figura religiosa fascinante:
Zarathustra.
La leyenda cuenta
que nació en Afganistan y que un ángel le indicó los objetivos que
debía perseguir por deseo del dios supremo Ahura Mazda del cual
Zarathustra se proclamó profeta. Uno de los elementos distintivos de
esta religión fue la vivaz polémica que instauró contra los
adeptos del dios Mitra acusados de matar a animales en los
sacrificios: para Zarathustra también lo animales tenían alma. La
característica más interesante de esta religión estaba en relación
principalmente con la idea de una lucha entre principio opuestos
entre la vida y la no vida. Todos los seres humanos debían combatir
y elegir entre estar de parte de la luz o de las tinieblas.
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