La
catedral de Amiens es
el edificio
más grande de Francia. También es
famosa por su fachada esculpida: El
Buen
Dios del Pórtico representa a Cristo con
los Evangelios y las estatuas que
hay en
él se esculpieron en el año 1236, aunque en
aquella época
estaban pintadas de vivos colores según la tradición medieval.
La
Catedral
de Amiens de 145 metros de longitud y 42,5 de altura, se construye a
partir de 1220 para coger a los numerosos peregrinos que llegaban a
la ciudad para
rezar al cráneo
de San Juan Bautista.
La
aguja del edificio culmina a
112 metros. Y el volumen interior del mismo es enorme, dos veces más
grande que el de Notre Dame
de París. A partir del siglo XII florecieron por toda Europa unas
catedrales de proporciones descomunales, obras maestras de la
arquitectura gótica. A partir de entonces las bóvedas que sostenían
el techo
se apoyaron sobre unos pilares unidos
en la punta por unos arcos de piedra que se cruzaban a pares
en su centro, los arcos cruceros.
Con
este
ingenioso sistema,
las bóvedas se
elevaban
a gran altura y parecían tocar el cielo. Y
como los muros no eran los que sostenían la bóveda, se pudieron
agrandar las aberturas para que la luz entrara
en
las iglesias. Entonces aparecieron unas inmensas vidrieras y
rosetones en forma de flor.
Las
catedrales góticas, gigantescas y luminosas,
celebraban la grandeza de Dios. Incluso sus
esculturas
, que narran
la Biblia, servían de libros ilustrados para instruir a los fieles
que en
aquella época no sabíán leer.
Pero
las catedrales salían
muy caras,
para construirlas se
necesitaba mucha mano de obra y los obreros trabajaban en ellas
durante años. En Amiens, la catedral pudo
edificarse
sobre todo gracias a las donaciones de fabricantes de tintes y de
tejidos. En efecto, el color azul de Amiens se
obtenía de la hoja de añil,
una planta de la región. Tuvo tanto éxito que los tejidos
teñidos
con esta planta se vendian
incluso en Italia a
precio de oro, y los fabricantes de tejidos ganaron fortunas con
ella.
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