Partos naturales bajo el agua


Cada vez son más las mujeres que optan por un parto natural pero asistido. La tendencia de este aumento se constata especialmente en los últimos tres años, cuando este tipo de partos se ha triplicado, y se ha pasado de los 1620 partos naturales a los 3640.

El parto en el agua es una modalidad de parto natural que se inició en la década de los sesenta en Europa y los Estados Unidos. Para muchas mujeres el contacto con el agua es relajante y disminuye las tensiones del trabajo. Actualmente es una de las alternativas de parto que más interés despierta entre las mujeres embarazadas.

Según sus defensoras, dar a luz en el agua tiene múltiples ventajas, tanto para la futura madre como para el bebé, ya que ahorra tiempo, dolor y traumas innecesarios. Funciona como una epidural natural, tanto para la dilatación como para la expulsión del recién nacido. Solamente está indicado para los casos de bajo riesgo. Por este motivo los especialistas afirman que no es recomendable que las parejas opten por hacerlo en casa, ya que, para evitar riesgos, se necesita la supervisión de un especialista.

En algunos casos, como en los Paises Bajos o en el Reino Unido, estos partos están generalizados desde que durante los años setenta el médico francés Michel Odent descubrió que la inmersión en agua caliente alivia el dolor de las contracciones y favorece la dilatación del cérvix, especialmente en las mujeres con contracciones ineficaces.

Cuando la mujer se encuentra relajada, sin prisas y con el control de la situación, el cerebro trabaja de una forma más precisa para producir las hormonas necesarias en el momento adecuado, siguiendo así un proceso natural que culminará en el nacimiento. Para una buena dilatación en el agua, se recomienda que esté a 37 ºC. Más caliente podría provocar una hipertensión o una taquicardia y más fría no ayudaría a relajarse. La temperatura ideal disminuye la producción de adrenalina, la hormona del estrés, relaja los músculos durante el parto y favorece la dilatación sin dolor.



En cuanto a la profundidad de la bañera, puede ser variable; aun así, es ideal que la mujer esté sumergida hasta el pecho. Además, mientras se esté en la bañera es recomendable beber agua o zumo para estimular la producción de oxitocina, imprescindible para que las contracciones sean efectivas.

El bebé también tiene ventajas cuando nace bajo el agua. Su primer contacto con el exterior se realiza de una forma relajada y compasada. Todas las sensaciones del mundo exterior le llegan poco a poco: primero los sonidos, las luces, los contactos, los cambios de temperatura, etc. El bebé tiene su tiempo para adecuarse a la nueva situación con más tranquilidad y así favorecer la transición del líquido amniótico al mundo exterior, hecho que contribuye a alejarlo de situaciones de estrés.

No todo el mundo está a favor de los partos dentro del agua. Aunque diversos estudios y testimonios explican que los partos en el agua son recomendables porque son menos dolorosos y, en consecuencia, se utiliza menos la anestesia epidural y la oxitocina sintética. Una nueva revisión realizada por la Academia Americana de Pediatría concluye que el parto en el agua está desaconsejado por el riesgo que supone para los neonatos. Según se explica, al revisar los estudios relativos a los partos en el agua se analizó que no todos diferencian el trabajo del parto, ya que los resultados positivos que se producen durante la dilatación no se puede extrapolar al momento del nacimiento. Se habla, entonces, de un mayor riesgo de infección materna y neonatal, sobretodo si ha habido rotura de membranas, dificultades en la termoregulación neonatal o rotura del cordón umbilical al nacer dentro de la piscina, hecho que puede producir hemorragia, dificultad respiratoria o, en el peor de lo casos, asfixia neonatal.

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