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Fobias y manías


Las manías y las fobias son síntomas de estados neuróticos que se manifiestan a través de conductas extravagantes obsesivas. Estos trastornos nerviosos afectan a un alto porcentaje de la población.

Una de las fobias más corrientes es la claustrofobia o miedo a los espacios cerrados. las manías son estados de excitación nerviosa asociadas a ideas fijas y a una motivación egoísta. Las fobias son respuestas irracionales de defensa caracterizadas por un temor y una angustia hacia ciertos objetos o situaciones. Alguna de las fobias más frecuentes y que pueden llegar a ser incapacitantes son la agorafobia que es el miedo a los espacios abiertos, la claustrofobia que es el miedo a los espacios cerrados, la zoofobia que es el temor a determinados animales, etcétera.

La etimología de sus trastornos están relacionados con la evolución de las crisis de ansiedad y desequilibrios psíquicos. En el caso de las fobias, las causas pueden ser inmadurez emocional, influencias familiares, culturales, etcétera. Para el psicoanálisis y su origen es un sentimiento de frustración traumática de la infancia. Los principales síntomas de las manías son hiperactividad, la verborrea, la excitación psicomotriz, las ideas obsesivas y de grandeza y la omnipotencia. Los principales síntomas fóbicos ante la situación desencadenante consisten en un intenso malestar, sensación de vértigo y desvanecimiento, presión, náuseas, entre otros. Las manías suelen requerir la administración de fármacos sedantes y tratamiento psiquiátrico especializado y especial atención en los casos más graves

Las fobias son tratadas mediante una terapia conductual y, en ocasiones, con tratamiento farmacológico como tratamientos alternativos están las flores de hipérico que tienen unas propiedades antidepresivas , tranquilizantes , antisépticas y relajante de espasmos

La pasiflora es una flor que tiene una acción sedante, es favorecedora del sueño, para los que sufran problemas de insomnio y también es relajante muscular.

Causas de la ansiedad fóbica

Se sabe poco del órigen de las fobias, pero se puede afirmar que muchas victimas de la ANSIEDAD FÓBICA pueden describir incidentes de sus vidas que explicarian el desarrollo de una fobia.
Las fobias pueden dividirse en tres grupos principales:
-Miedo a elementos específicos, como los ratones, los gatos, las serpientes, etc.
-Miedo a determinadas situaciones, como encontrarse en lo alto de un edificio, dentro de un espacio reducido, en el colegio, en el trabajo o en un avión.
-Miedo a una enfermedad específica o a la muerte.
El MIEDO a los elementos específicos a menudo puede tener la causa en una experiencia espantosa de la infancia o de una época posterior. Ser atacado por un perro puede crear una fobia hacia los perros, y ver una película donde alguien es atacado por pájaros puede llevar a sufrir una fobia a los pájaros. Es evidente que este tipo de explicación sencilla nunca basta, dado que algunas personas pueden sufrir el ataque de un animal sin desarrollar ninguna ansiedad fóbica, mientras que otras pueden desarrollarla a consecuencia de un mínimo roce con el animal en cuestión.
El miedo a ciertas situaciones, como estar en un espacio reducido, a menudo puede explicarse a raiz de algún suceso dramático durante la vida de la víctima. Resulta fácil entender que alguien a quien de niño se encerraba en un armario oscuro como castigo desarrolle claustrofobia. Ahora bien, este método de castigo era habitual hace muchos años y no todas las víctimas desarrollaron dicha enfermedad.
Las FOBIAS sociales y la agorafobia a menudo tienen explicaciones más complejas. La agorafobia suele sobrevenir después de un golpe fuerte, cómo la muerte de un pariente, del cónyuge o de un amigo íntimo, o puede estar relacionada con una operación quirúrgica importante, o con un cambio dramático en la vida de una persona.
El temor a las enfermedades y a la muerte también tiene su explicación, incluyendo la muerte de un pariente cercano o un amigo, o una enfermedad temida; o en el caso de la muerte, a un estrecho contacto con una persona moribunda e importante para la víctima.

Crisis en la pareja

El hombre atraviesa a lo largo de su vida por un considerable número de situaciones llamadas crisis. Algunas de estas crisis, la mayoría, son injustificadas. A menudo el estado de ánimo abatido o depresivo hace que veamos la realidad de una forma distorsionada, que nos hacen ver situaciones conflictivas donde sólo hay rutina. Otras veces se viven momentos lo bastante trascendentes como para creer que se trata de crisis justificadas. Una misma realidad puede ser vivida como muy grave por una persona y como intrascendente por otra, la diferencia vendrá dada por la perspectiva.
Hay personas optimistas que soportan situaciones difíciles con mucha más facilidad y sin darles importancia. Los pesimistas tenderán a ver la situación con una perspectiva más negra y a ver conflictivo algo que para los demás no tiene importancia.
Muchas personas, al sufrir una crisis existencial, se cuestionan todo lo que supone su mundo. Una persona en situación de crisis personal puede plantearse dejar su trabajo, dejar a su familia, cambiar de residencia, alejarse de la sociedad, cambiar de amigos, etc. No se siente bien, no le gusta la vida que hace y tiende a exigir un cambio.
A menudo, las crisis se ven como situaciones indeseables de las que es aconsejable huir. Sin crisis no habría progreso. Todo paso hacia una situación mejor está precedido, por una crisis, del mismo modo que una crisis puede ser, el precedente de una situación no deseable.
Muchas conductas y actitudes relacionadas con la convivencia de la pareja se adoptan como consecuencia de la existencia de una situación de miedo a la aparición de un conflicto. El miedo a la crisis es el primer paso hacia el aburrimiento, en la medida que por una causa se renuncia a plantear lo que no satisface en la relación, se comienza a disimular los disgustos, a esconder los desacuerdos y a disfrazar los desengaños, actitud que aleja considerablemente a la pareja y hace perder de vista a sus miembros lo que uno espera de otro. Para evitar los conflictos se entra en una situación anodina y frustrante. Se ha mitificado tanto la buena convivencia como el objetivo más importante en una relación que se ha inmolado el propio modo de ser, de pensar y de sentir; todo parece justificado para evitar una tensión: una pareja no fracasa si se produce una ruptura, fracasa si no es feliz en su convivencia.
La crisis no es el único modo de resolver los conflictos de una pareja, la comuicación y el diálogo, la confrontación de opiniones y los deseos de satisfacer las necesidades del otro, así como el establecimiento de una mútua actitud de apertura y de manifestación de las propias necesidades, posibilitarán la resolución de muchos malentendidos, de situaciones de desacuerdo y de conflicto que, si existen las citadas premisas, no llegarán ya a ser tales.
Los motivos de crisis que pueden afectar la convivencia de una pareja tienen dos procedencias: las derivadas de problemas de convivencia y las que provienen de circunstancias ajenas a la propia pareja.