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Protege a tus hijos de Internet

En esta sociedad los instrumentos tecnológicos están al alcance de todos. En los hogares en que conviven menores, ya sean HIJOS, nietos, sobrinos o hermanos debemos ser conscientes de cómo tratar su relación con las redes sociales y cómo prevenir el acceso de los más pequeños a tan peligroso medio. Es fundamental limitar la privacidad y publicar siempre con un mínimo de seguridad. Las precauciones se basan en algunos consejos que nos permitirán evitar el peligro sin dejar de compartir nuestros momentos más entrañables.
En las imágenes no es recomendable que aparezcan los lugares que el MENOR pueda llegar a frecuentar normalmente. Esos lugares van desde su centro de estudios hasta el recinto donde practica su deporte favorito.
Otra regla primordial es la de no realizar instantáneas cercanas a nuestro vehículo ni dar pistas sobre su ubicación o matricula.
No se debe etiquetar al menor en ninguna fotografía ni tampoco añadir información que pueda ir en contra de su integridad pudiendo ser utilizada por terceras personas.
No se debe facilitar ningún dato acerca de actividades o eventos que el menor realice fuera del entorno familiar.
Nunca se debe agregar en las FOTOGRAFÍAS información sobre los horarios en que los niños permanecen fuera de casa ni comentar, por ejemplo, los momentos en que el menor se encuentra solo.
Los equipamientos deportivos o señas de identidad permitirían reconocerlos y encontrarlos, por lo que no es recomendable publicar fotografías que hagan más fácil su localización.
Si nuestros pequeños son retratados a través de un móvil debemos evitar el riesgo de estar localizados desconectando la opción GPS. Es la mejor manera de eludir la responsabilidad de conseguir que nos espíen.
Por encima de todo, estos consejos deben tener la máxima difusión y las redes sociales pueden ayudar a ello si se comparten para actuar de manera correcta. La información en la red deja de ser privada desde en el momento en que la damos a conocer a través de nuestras publicaciones. El contenido de nuestras fotografías y nuestros comentarios necesariamente deben ayudar a la protección de los niños y cualquier precaución es poca a la hora de mantener a nuestros menores lejos de quien pudiera hacerles cualquier daño.

La convivencia en pareja

La convivencia representa una ligera distorsión de la realidad afectiva. En la actualidad son muy pocas las parejas que aceptan vivir con uno de los padres aunque, últimamente, la imposibilidad de encontrar viviendas adecuadas provoca la aparición de más casos de los que se producían hace quince o veinte años.
El paso entre mantener una relación de amor, de comunicación y de proyecto afectivo común y el hecho de establecer una convivencia estriba en afrontar la cotidianidad. Mientras una pareja no haya decidido convivir, los espacios de relación aparecen siempre en condiciones de excepción, se comparte un domingo, una noche, un fin de semana o unas vacaciones; la vida cotidiana solo se comparte cuando se inicia la convivencia estable.
El establecimiento del hogar supone una doble decisión; por un lado lo que se refiere a la convivencia entre dos personas y, por el otro, lo que se refiere al hogar como vivienda. Con frecuencia se desea tener todo resuelto al iniciar la convivencia y ello implica inquietudes sobre el cumplimiento de las entregas o los encargos y, también, las lógicas disputas entre los miembros de la pareja a la hora de elegir un mueble, el color de una pintura o las prioridades que deben aplicarse al empleo del presupuesto disponible.
Puesto que la pareja puede no tener deseos de intervenir en decisiones que afecten a la instalación de su hogar, pueden dejar que los respectivos padres acepten la responsabilidad y tomen decisiones que, normalmente, deberían tomar ellos; si eso sucede será muy difícil conseguir que respeten la intimidad de la pareja. Hay padres que consideran que solo ellos hacen bien las cosas y no tienen capacidad para dejar actuar a los hijos. Los padres tienen que aprender a aceptar los posibles errores que puedan cometer sus hijos al tomar sus decisiones, que sin duda serán insignificantes comparadas con la tarea de iniciar una convivencia.

Vacunar a los hijos

Cuando nos vacunamos inmunizamos a nuestro cuerpo frente a una determinada enfermedad. En palabras más sencillas, es como si metiéramos el virus en nuestro cuerpo para defendernos si alguna vez ese virus quisiera invadir nuestro organismo. La vacuna es un germen microbiano al que se le ha hecho perder el poder patógeno para poder inyectarla.
El hecho de VACUNAR a nuestros hijos desde pequeños ha permitido la erradicación en países más o menos desarrollados de enfermedades como la viruela.
Las vacunas se administran de forma subcutánea o intramuscular. Aunque antiguamente algunas vacunas eran aplicadas de forma oral (como la poleomelitis…)
Las vacunas establecidas para nuestros hijos normalmente son vacunas combinadas como la difteria-tetanos-hepatitis, o difteria-tetanos-tos ferina.
Depende de la VACUNA que apliquemos tendrá unos efectos secundarios u otros. Generalmente son efectos leves, se suele dar una pequeña irritación en el lugar en donde se ha inyectado la vacuna o incluso un poco de fiebre durante un par de días, pero sin ningún riesgo para la salud. El único efecto secundario grave que se podría producir es una alergia al aluminio que contienen la mayoría de las vacunas para estabilizarlas.
Es evidente que vacunarse tiene una serie de beneficios porque a lo largo de los años muchísimas epidemias se han llevado la vida de niños y adultos. El hecho de estar preparados a ciertas ENFERMEDADES nos da cierta ventaja. Tengamos en cuenta que vacunarse es un acto colectivo porque estamos pensando en no transmitir ningún tipo de enfermedad a otra persona. El caso más común es el de la rubeola, que podría afectar de forma grave al feto si la mujer no se la aplicara.
En los países subdesarrollados hay un atraso considerable respecto a la aplicación de algunas vacunas, es por lo que algunas personas enferman gravemente o mueren por enfermedades que en otros países más desarrollados ya están totalmente erradicadas.

Cómo decorar la habitación de tus hijos

La distribución más adecuada y el mejor aprovechamiento del espacio de los dormitorios infantiles es un reto decorativo que hay que planificar y estudiar con detalle. Los niños deben tener su propio hábitat dentro de la casa y este debe estar diseñado pensando en sus necesidades presentes y futuras; además, tampoco hay que olvidar el posible crecimiento futuro de la familia.
La HABITACIÓN de los NIÑOS no debe ser demasiado pequeña si en ella se va a disponer la zona propia de dormitorio y la de juego, y, menos aún, si va a ser compartida; cada niño debe tener su propio espacio en la habitación, en el que se encuentre cómodo y con el que se identifique. La zona de juegos se convertirá en poco tiempo en un lugar de estudio, donde debe haber espacio para acoger las nuevas tecnologías que son en la actualidad una herramienta de aprendizaje más. El buen rendimiento y la salud de nuestros hijos también dependen de su correcto descanso. Por eso, sus camas deben estar equipadas con colchones y somieres de buena calidad y firmeza para evitar posteriores problemas en la columna vertebral. La cama ha de situarse en la zona opuesta a las ventanas, y dejar ésta para recinto de aprovechamiento diurno. Si se necesitan dos camas, se puede recorrer a las camas nido o a colocar dos camas en ángulo, ocupando la esquina con un arcón de superficie cuadrada, que servirá de cabezal de las dos camas y de cajón para guardar juguetes y demás cosas de los niño; los cajones debajo de las camas también son de gran utilidad.
Si se compran muebles de diseño INFANTIL, éstos quedarán obsoletos en pocos años, a menos que se condene al adolescente a seguir durmiendo entre muebles con dibujos de ositos, cenefas con ositos... El mobiliario, mesas y sillas, deben ser de maderas naturales y tonalidades claras, con diseños lineales y esquinas redondeadas; muy prácticas son las piezas modulares, que permiten cambiar la composición según las necesidades de cada momento.