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Las varices

Las varices constituyen deformaciones patologías y permanentes por dilatación de las venas, en especial de las piernas. Afecta a gran parte de la población adulta y en particular a las mujeres.
Las varices son dilataciones que afectan, principalmente, al sistema venoso superficial de las extremidades inferiores. Pueden afectar a toda la pierna o a sólo una parte de la misma. Están producidas generalmente por los efectos de fístulas, fallos en las válvulas venosas que facilitan el retorno de la sangre al corazón. Estos fallos de las válvulas pueden ser congénitos o producidos por el embarazo, una trombosis y acentuados por una excesiva permanencia de pie.
Las varices aparecen de forma progresiva cuando las válvulas no funcionan, se produce un incremento de la presión sanguínea en el sector de las venas, de modo que éstas con el tiempo se dilatan, pierden elasticidad y forman paredes muy frágiles.
Los síntomas más frecuentes son dolor e hinchazón cutáneos, edema de la pierna, calambres nocturnos y sensación de cansancio. En los casos más graves comporta ulceraciones, eccema, trombosis, flebitis y hemorragias.
El tratamiento convencional de las varices incluye la extirpación quirúrgica de la zona afectada, la aplicación de inyecciones esclerosantes, administración de fármacos antinflamatorios. Dentro de las terapias paliativas se suele aconsejar el uso de medias elásticas para comprimir las venas, los baños de agua fría, el reposo y las piernas alzadas.
Respecto a los tratamientos alternativos encontramos las hojas de hamamelis, que poseen una acción reductora de la inflamación, relajante de los espasmos, diurética y ligeramente analgésica. Otras técnicas alternativas que se puede utilizar para el tratamiento de las varices son: el masaje y automasaje, drenaje linfático,el yoga, la acupuntura y la digitopuntura.

Conciliación de la vida laboral y familiar

El tiempo marca nuestra vida, y parece que en nuestro país, además, la dificulta. Y es que la CONCILIACIÓN de la vida laboral con la personal es aquí más complicada que en otros lugares y, además, castiga de manera especial las mujeres.

En el Estado español, las jornadas laborales acostumbran a ser muy largas, con una pausa muy grande para comer. Este hecho condiciona el resto de horarios. Los comercios abren hasta tarde, las comidas y las cenas se hacen a horas intempestivas y la hora punta de la tele coincide con el momento en que la mayoría de europeos ya se están poniendo el pijama. Este ritmo comporta menos horas de sueño —dormimos 50 minutos menos que al resto de Europa— y perjudica la salud, especialmente de las mujeres — las españolas son las más estresadas de Europa—, que continúan asumiendo la mayoría de las tareas del hogar. Las mujeres duermen más horas que los hombres en todos los estados de Europa. En general, “las mujeres españolas hacen menos ejercicio, duermen menos y tienen peor salud” que las del resto de Europa.
Otra consecuencia de nuestro modelo horario es que comporta una baja productividad LABORAL. Así, a pesar de que el Estado español es uno de los miembros de la Unión Europea donde la gente trabaja más horas, la productividad por hora trabajada es la más baja. En nuestro país sólo aprovechamos un 65% del tiempo al trabajo. Esta productividad tan baja se debe a problemas operativos y de planificación, típicos de los países del sur de Europa.
El Estado español representa de manera perfecta el llamado modelo social mediterráneo, que se caracteriza por jornadas laborales largas, horarios muy rígidos, disponibilidad total de las personas al trabajo y un sistema de provisión de cura y bienestar centrado más en la familia que en recursos comunitarios. Este modelo, que se contrapone al nórdico, es muy poco eficiente y muy poco equitativo socialmente.
La incorporación masiva de las MUJERES al mercado laboral durante la segunda mitad del siglo veinte no fue acompañada de un reparto más equitativo de los trabajos de casa entre los hombres y las mujeres, de forma que se produce el que se denomina la “doble jornada” y, de manera más general, la “doble presencia”, que es el término que describe la dedicación mental a las tareas de atención, que también tiene lugar mientras se realiza el trabajo asalariado. El especialista destacó que “hemos pasado de una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento, pero continuamos con horarios de la era industrial”. Y en este cambio, las que han salido más perjudicadas han sido las mujeres.
Una consecuencia de esta desigualdad es que hay un porcentaje muy elevado de mujeres que acaban trabajando en tareas que no les corresponden por su formación y experiencia. Si las mujeres hicieran el trabajo que les toca por formación, aumentaría un siete por ciento el producto interior bruto de nuestro país.