Un día de 1867, el
escritor francés Henri Beyle, conocido por su seudónimo Stendhal,
decidió visitar la Basilica de la Santa Cruz, en la ciudad italiana
de Florencia. Tras la visita, plasmó en su libro “Napoles y
Florencia: un viaje de Milán a Reggio”, un pensamiento revelador.
Según cuenta el propio Stendhal, cuando pisó por primera vez la
Basílica en Florencia, su corazón comenzó a palpitar muy rápido,
se quedó extasiado y enamorado del arte que emanaba de las paredes
del edificio, incluso comentó que llegó a marearse hasta el punto
de caer al suelo.
Una psiquiatra
italiana empezó a notar que muchos de sus pacientes, que visitaban
la ciudad de Florencia y sus edificios-lugares repletos de obras de
arte- se sentían mareados y excitados. Tras varios casos
registrados se decidió llamar a esta enfermedad psicosomática,
Síndrome de Stendhal, comúnmente conocida como Síndrome de
Florencia.
La mayoría de
personas que han sufrido mareos, vértigos o palpitaciones fuertes,
lo han padecido mientras visitaban obras de arte en la ciudad de
Florencia. Pero recientemente se ha investigado que también muchos turistas que visitan museos o edificios plagados de obras de arte,
padecen este Síndrome. A la persona le es difícil asimilar tanto
arte, especialmente si es hermoso y reunido en un lugar reducido.
En realidad, todo se
resume a una reacción romántica y a un goce extremo por el arte.
Suele afectar a personas que son especialmente sensibles. Este placer
extremo puede convertirse en una molestia para algunas personas,
llegando a producirle sensaciones de ansiedad y estrés.
Actualmente, la
mayoría de psicólogos están de acuerdo que más que una dolencia
real, se trata de la propia sugestión de la persona. Es una
exageración por una predisposición de saber que lo que se está
admirando es una obra de arte. Una hermosa escultura o cuadro puede
poner la carne de gallina a cualquier mortal, pero hay personas que
la admiración por el arte les transporta a otro lugar.
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