En 1859, el naturalista francés Henri Mouhot exploró las regiones de Siam, Laos y Camboya. Después de avanzar durante tres horas por el corazón de una exuberante jungla, descubrió las ruinas de la ciudad imperial y religiosa de Angkor: columnas cuadradas construidas de una sola pieza, techos en forma de cúpula y esculturas de gran delicadeza.
Según la leyenda, Indra, el rey de los dioses, hizo que el hijo del rey y de la reina de CAMBOYA fuera al cielo para enseñarle los deberes reales.También le hizo sobrevolar en un carruaje sus palacios y cuadras celestiales. Después le propuso que eligiera uno de los edificios para construir el mismo modelo en su reino terrenal de Camboya. El príncipe escogió modestamente las cuadras. Indra envió entonces a la tierra a su arquitecto para que realizara un palacio a imagen de sus caballerizas celestiales. El arquitecto construyó el palacio de Angkor Vat y pintó los bajorrelieves que adornan los muros. Al príncipe le gustó tanto que pidió que edificara otros. Así fue como nació Angkor, donde el palacio de Angkor Vat servia también de templo.
Esta ciudad, construida a partir del S. VIII, empezó a progresar en el S. XII gracias al rey JAYAVARMAN VII, que venció a los chams (un pueblo que vivia en Vietnam) y pacificó Camboya. Para consolidar su soberanía sobre el territorio de Khmer, reconstruyó Angkor, la capital, e hizo integrar su retrato esculpido en los nuevos edificios. Un buen sistema para dejar claro quien era el rey.
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