Durante
la época dorada del comunismo ruso, estos países dieron cobijo a
grandes proyectos secretos a manos de un gobierno
profundamente ambicioso. Se escondieron bajo sus montañas cientos de
pasajes que conducían a bases que tenían como objetivo
llevar a cabo experimentos con torpedos.
Pocas
estatuas quedan en pie recordando los años de esplendor
pasados. Las enormes montañas que surcan sus cordilleras se
encuentran entre las más altas de la Ruta de
la Seda,
y su estación de esquí, situada a 3040 metros, está
perfectamente adaptada y acondicionada al turismo actual.
Las mejores pistas harán las delicias de los más atrevidos. Pero
también atraen las aguas termales de Altyn
Arashan o
el Jeti
Oghuz,
centro turístico de salud de la zona. Las excursiones
llevarán al viajero a admirar desde el fascinante lago Ala-Kul hasta
disfrutar de un distraído paseo en bicicleta con el fin de visitar
las localidades próximas.
Sus
parajes de exuberante vegetación contrastan con las zonas de
abundante mineral.
Son escenarios de unos recuerdos que necesitan brotar y abrirse al
mundo, darse a conocer como destinos de
una geografía genuina en uno de los rincones mejor situados y con
una mayor capacidad de explotación del planeta. La madera invade sus
pueblos y corona sus postales, semejantes a
otros lugares, resistiéndose
a perder la autenticidad.


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